miércoles, abril 25, 2007

JAVIERITA EN NUESTRA MEMORIA... Y EN NUESTRAS ACCIONES

Invitación de Claudia Neira
Queridos amigos y amigas, compañeros y compañeras y a todos y todas quienes de alguna forma han manifestado su solidaridad y compromiso con el terrible crimen que le arrebató la vida a mi hija Javiera.
Me resulta muy complejo escribir de esto, pero a pocos días del juicio oral, acudo a ustedes para contarles y pedirles colaboración para hacer de este juicio un juicio político. Un juicio en que mujeres y hombres, organizados o no, manifestemos públicamente nuestro repudio a la brutalidad. A la criminalidad que le quita la vida a las personas, que le quitó la vida a la Javierita, una niña linda y feliz, llena de vida y de energía y que irradiaba sueños y ganas.

El juicio oral se inicia el día lunes 07 de Mayo a las 08:45 am en el centro de justicia.

Me despido de todos y todas, esperando todos los gestos, apuestas y propuestas que dificulten la impunidad a la que nos hemos acostumbrado. Un gran abrazo, Claudia Neira Oportus

Santiago, Otoño 2007.


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Femicidio y violencia contra la mujer:
"La maté porque era mía"
En Chile todos los años mueren cerca de 70 mujeres a manos de sus parejas y 35 menores, convertidos en un objeto más de agresión hacia sus madres. Como Estado, como sociedad, como cultura, hemos sido incapaces de contener el femicidio." por Sohad Houssein

El 19 de diciembre de 2005, a menos de un mes que el gobierno instaurara en Chile el 25 de noviembre como el Día Nacional para la Eliminación de la Violencia hacia la Mujer, un horrendo asesinato conmovió al país. Alfredo Cabrera arrastró a golpes a su mujer, Claudia Neira, y a su hija, Javiera Ignacia de seis años, hasta su departamento en el séptimo piso de un edificio en el centro de Santiago. Allí se produjo una violenta discusión en la que cortó la cara de Claudia con una botella. Ante los gritos de terror de la niña, la tomó y la lanzó por la ventana, causándole la muerte inmediata.

Ante una ciudadanía impactada, el movimiento de mujeres llamó a establecer el femicidio - la muerte sólo por el hecho de ser mujer- como una figura legal, como una forma de dar mayor visibilidad al problema y evitar casos que, como este, están llenos de paradojas.

En el proceso de protección judicial que había iniciado Claudia en contra de su marido, debido a las constantes agresiones y amenazas de muerte, constan varias denuncias por violencia intrafamiliar. De hecho, el matrimonio se encontraba separado y Alfredo tenía prohibición judicial de acercarse a su esposa, pero no a su hija.

"Los jueces muchas veces pueden reconocer la situación de violencia contra la mujer, pero mantienen en un grado de inmunidad la relación con los hijos como si no fueran víctimas también de esa situación de violencia. Son reacios a reconocer que la violencia se ejerce también respecto de ellos y que muchas veces el contacto con los hijos es el espacio que se aprovecha para matar a la mujer", explica Marco Antonio Rendón, abogado del Servicio Nacional de la Mujer (Sernam)

Y fue precisamente eso lo que pasó. Aprovechando que podía ver su hija, Alfredo se la llevó y se negó a devolverla, haciendo que Claudia fuera hasta su departamento a buscarla, situación que aprovechó para agredirla.

Asimismo, resulta paradojal que la madre trabajara en el Servicio Nacional de Menores (Sename), institución en la que era voz populi la violencia que su marido ejercía en contra de ella. Nadie intervino. Tampoco los vecinos del edificio, ni los conserjes, ni quienes escucharon los gritos de auxilio.

"Es un problema social. Todavía no tenemos un cambio cultural. Todavía no asumimos que este es un problema que nos involucra a todos, que todos tenemos un rol en el que esas dos personas que están involucradas en una situación de abuso de ese nivel de gravedad, se perpetua por la acción de los terceros", afirma Valentina Martínez, directora del Centro Clínico y de Investigación de la Corporación La Morada, organización que brinda apoyo a mujeres.

Un último factor configuraría esta trágica situación. Los padres de ambos habían muerto también como consecuencia de la violencia de Estado durante el régimen militar. De acuerdo a la psicóloga, sus hijos transmitieron generacionalmente esa violencia porque se trata de un tema no resuelto, ni por ellos ni por la sociedad.

Niños objeto

Este caso de violencia no es aislado. El mismo día en que se cometía el parricidio, en Paine otro hombre mató a su mujer; el 22 de diciembre un hombre asesinó a su suegro e hirió a su pareja; la noche de Año Nuevo otra mujer murió a manos de su conviviente. Cada año mueren en Chile cerca de 70 mujeres en estas mismas condiciones. En la mitad de los casos, la violencia en contra de la mujer también afecta a las y los hijos: cerca de 35 menores son asesinados por sus padres o por las parejas de sus madres. Una situación que ha permanecido escondida, invisibilizada, quizás, por el horror que representa.

"Viendo los antecedentes de violencia hacia las mujeres y femicidio, la mayor parte de ellos están en contexto de asesinato también de los hijos. Esa cosificación del otro. En este asesinato de la hija en común también se puede leer una agresión hacia ella", aclara Valentina Martínez, quien además es coordinadora de Asociatividad para la Acción por la No Violencia.

"Los tipos siempre dicen 'la maté porque era mía', con un sentido de cierta propiedad, como un objeto con el cual puedes hacer cualquier cosa. En este caso, eso fue extensivo hacia la hija (…) Es un objeto que tú tiras porque te molesta.

Generalmente los victimarios ejercen un poder y se sienten dueños de sus víctimas", puntualiza Ximena Azúa, directora del Programa de Educación Continua de la Universidad de Chile.


"Las Mujeres no tienen defensa"

Así como en el caso de Claudia, son muchas las mujeres que han denunciado a sus parejas y, al momento de sus asesinatos o el de sus hijos, cuentan con medidas de protección judiciales. Si bien hay consenso en reconocer que la ley actual en la materia representa un avance al establecer un contexto de mayor protección hacia las víctimas, algo falla que no es suficiente. Las y los expertos coinciden en que es fundamental que en la prevención de la violencia se involucre toda la sociedad, no sólo las leyes o el Estado.

"Hay que poner los límites de la capacidad del Estado. Esto está dentro de un problema social que requiere que la sociedad lo asuma como tal. Muchas personas que estuvieron en ese edificio pudieron haberlo evitado. (…) Puede haber todas las medidas de protección, pero si nuestra sociedad no se da cuenta que en una discusión puede estar en juego la vida, estamos mal. No podemos como país ponerle un carabinero a cada mujer que es agredida. Es necesario que el Estado se responsabilice y que como sociedad tomemos conciencia de que todos tenemos que asumir alguna cuota de responsabilidad cuando esto sucede" afirma Marco Antonio Rendón.

Pero desde el propio Estado aún son necesarias una serie de medidas para abordar el problema.

"No hay recursos que sean concordantes con el nivel de violencia que ha tenido Chile", señala Valentina Martínez y agrega que, "además requieres una red que instale alternativas judiciales y terapéuticas porque, por ejemplo, aún las víctimas de violencia, aunque sea constitutivo de delito, no tienen acceso a tener defensa. No hay defensa para las mujeres", señala. Martínez agrega que las instancias de reparación y terapia individuales y familiares son escasas y poco efectivas porque "hoy tenemos niveles de violencia y femicidio que son alarmantes".

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